| ALGO MÁS QUE PALABRAS | ||
Víctor
Corcoba Herrero |
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| LA NECESARIA ARMONÍA INTERCONFESIONAL | ||
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Coincidiendo con la semana mundial de la Armonía Interconfesional entre todas las religiones, confesiones y creencias, que se celebra desde el pasado año, la primera semana de febrero, se me ocurre avivar ciertos pensamientos, alrededor de las muchas especies de fe, que suelen llamarnos a las puertas del corazón. La llamada ha de ser de compresión y de diálogo, para que se produzca verdaderamente la armonía. Al igual que la vida no es aceptable, salvo que el cuerpo y el alma se hallen en buena concordia, los creyentes de todas las religiones, deben abandonar cualquier forma de intolerancia y discriminación, siendo sinceros consigo mismo para poder derribar las barreras que nos separan y, así, poder construir lazos de entendimiento y amistad. Si no hay un respeto natural entre los seres humanos y sus creencias, difícilmente vamos a estar dispuestos a escuchar y a comprender la diversidad. Hay que luchar contra la difamación de las religiones y la incitación al odio religioso. El momento actual que vivimos parece propiciar los enfrentamientos, en lugar de cultivar relaciones de estima y de benevolencia recíproca. ¡Basta de guerras en nombre de Dios! Únanse las voces como si fueran una sinfonía de meditación. Escúchense todas las religiones. Es preciso, más que nunca, esa armonía interconfesional para transmitir el gusto por la belleza, sin condiciones ni condicionantes, evitando los medios de persuasión que no respeten la dignidad y la libertad del ser humano. Todo estamos llamados a entendernos, a pesar del carácter singular de cada religión y de cada cultura. Las diversas religiones y las muchas culturas, cuando entran en diálogo, activan un mundo armónico, capaz de estremecer a las piedras. Verdaderamente, las religiones que lo son, hablan de paz al corazón de la persona. Asimismo, las culturas también hablan de humanización al corazón de la vida. Teniendo presente, que la peor prisión es un corazón encerrado en sí y cerrado a los deseos de vivir y dar vida, cuando en verdad se ama, es el mismo corazón de la persona quien se interroga y juzga. Lo fundamental es no dejar de hacerse preguntas, es prueba de que se piensa y experimento de que se busca. Sin duda, necesitamos tomar el buen propósito
de seguir recorriendo el camino de las sabidurías religiosas
que, al inicio de este nuevo siglo, han tomado todas ellas un compromiso
en lo referente a establecer y preservar la paz. Por otras parte, es
el momento de condenar y rechazar todas las falsedades en nombre de
la religión o cualquier forma de presión o de violencia
para convertir a los seguidores de una religión a otra. Conviene
reafirmar, antes hoy que mañana, el papel esencial de la educación
para poder discernir, lo que conlleva libertad de religión y
reconocimiento de los demás. Si de corazón queremos generar
una cultura de paz y una morada de armonía para nuestros descendientes,
el papel de los dirigentes religiosos va a ser vital, sobre todo para
la mejora de la seguridad en el mundo. |
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| EL PLAN DE ACCIÓN DE LA ONU | ||
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El mundo necesita hombres de acción, capaces de dar respuesta a los muchos problemas que se nos presentan a diario. Debemos concienciarnos y ser personas de hondura, de pensamiento, lo que conlleva que hemos de pensar como ciudadanos diligentes. Nuestra naturaleza está en la acción. La ONU acaba de trazar sus prioridades y las ha puesto en la bandeja de cada familia, de cada cultura, de cada ser humano. Primero, el desarrollo sostenible; segundo, la prevención de conflictos y desastres, los abusos de derechos humanos y los retrocesos en el desarrollo; tercero, la construcción de un mundo más seguro, que incluya los principios fundamentales de la democracia y los derechos humanos; cuarto, apoyar a las naciones en transición; y quinto, trabajar para las mujeres y los jóvenes. Somos lo que hacemos y somos ciudadanos en búsqueda permanente. El plan de acción de la ONU hay que socializarlo para que todas las civilizaciones del mundo participen, cooperen y colaboren. Ya estamos hartos de palabras. Es hora de acciones concretas, puntuales y rápidas. La excelencia humana es el resultado de la acción ágil. Téngase en cuenta que, nos volvemos pacifistas realizando actos pacíficos. En cualquier caso, veo que hacen falta activistas de la esperanza y de hechos que nos humanicen. El futuro de Europa no radica en la economía, sino en la acción de unos y otros en favor del europeísmo. El deseo de Europa tiene que ser una realidad. Lo mismo sucede con otros continentes. También el deseo de un mundo más habitable tiene que ser el espejo de una acción continua y eficiente. El hombre a favor del hombre tiene que oírse mucho más y nuestras convicciones deben entrar en diálogo con la diversidad de moradores. El plan de acción de la ONU debe convertirse en una ley de leyes, en una obligación ciudadana siempre dispuesta. Sumemos las ideas, pongamos la semilla de la inquieta acción, impulsemos el consenso con la diversidad de pensamiento. No tenemos otra salida. Está bien propiciar reuniones internacionales, pero si no pasamos de los lenguajes a las vivas acciones, seguiremos perdidos, desorientados y dormidos. El mundo tiene que desarrollarse con menos egoísmos y más solidariamente. Esta es la cuestión que debe afanarnos. De momento, la naturaleza nos habla y nadie la escucha; el pobre se desconsuela y no tiene consuelo por parte de los poderosos; las armas son un negocio y nadie hace nada por empobrecer a los negociantes. La muchedumbre de hambrientos eleva hacia nosotros su grito de dolor, y nadie va en su auxilio. Todo esto acrecienta la crisis mundial. Hay que inaugurar una nueva época que, realmente, converja en el compromiso decidido de hombres y de pueblos libres y solidarios. No sirven los grandes discursos, solo las buenas acciones. Tampoco se precisan grandes acciones, sino humildes realizaciones que no degraden el corazón de las personas. La ONU nos entrega el pasaje de la reflexión. La acción es el camino.
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| EL FUTURO QUE NOS TRABAJEMOS | ||
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Me interesa el futuro que nos trabajemos todos con todos. Un futuro, por cierto, que tiene muchos nombres, tantos sueños como personas. Lo podremos ver en junio próximo, donde las Naciones Unidas reunirán al mundo en Río de Janeiro, Brasil, para debatir y decidir cómo acelerar las medidas para lograr un mundo más sano, más equitativo y más próspero para todos. Personalmente, celebro que se produzcan estas conversaciones planetarias entre gentes diversas para pensar en el mañana. Desde luego, la conferencia de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible en Río, "Río+20"´, será una oportunidad más de adentrarse en el análisis de lo que somos y de lo que queremos ser. Si en verdad queremos dejar a nuestros descendientes un planeta vivo, en el que se pueda vivir, tenemos que buscar soluciones, mejor hoy, que dentro de unos días. No en vano, el futuro del mundo pende del aliento que nos demos un corazón a otro corazón, y éste al siguiente. Como decía Unamuno: "procuremos más ser padres de nuestro porvenir que hijos de nuestro pasado". El pasado ya es historia. Conviene conocer esa historia pero nada más. Lo que ahora urge es preservar a las próximas generaciones de las locuras presentes y pasadas y mirar hacia adelante con la esperanza de que podemos (y debemos) hacer el futuro que queramos. Ciertamente, el futuro hay que trabajarlo y hemos de cultivarlo en unidad, vinculadas entre sí todas las civilizaciones y culturas. No se puede seguir destruyendo el medio ambiente. El mundo no puede dividirse entre ricos y pobres. Las desigualdades deben inquietarnos. La brecha salarial en los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) se ha disparado al nivel más alto en décadas. Sin ir más lejos, en España, el 21% de los hogares está por debajo del umbral de la pobreza. Las emisiones de gases de efecto invernadero siguen creciendo, y más de la tercera parte de todas las especies conocidas podrían acabarse si no se le pone freno al cambio climático. Por cierto, ahí está la reciente cumbre del clima celebrada en Durban, que a pesar de haberse prolongado más días, el texto final no levantó el ánimo ni de los negociadores. "Rio+20" ha de ser una nueva oportunidad para la reflexión a nivel mundial sobre el desarrollo sostenible de nuestra época. El panorama actual es que van disminuyendo los recursos naturales. ¿Cómo podemos ayudar a las personas a salir de la miseria en la que malviven protegiendo el medio ambiente? . En la localidad granadina de Dúrcal, un centenar de parados aspiran a un empleo gracias al sueldo al que renunció su alcalde. Son, precisamente, aquellos pequeños gestos los que nos hacen crecer e ilusionarnos. ¿Cómo podemos proporcionar acceso a la energía limpia para todos y velar porque la energía que producimos no contribuya al cambio climático? El sector energético es el mayor responsable del conjunto de estas emisiones sucias, que han de reemplazarse desde ya, por renovables. En Costa Rica, el 93% de la electricidad que se consume es de origen renovable. Todo un ejemplo a seguir. Si no actuamos rápidamente para cambiar nuestro modo de consumir y producir energía, los daños serán irreversibles. Los pequeños cambios en nuestro comportamiento diario, como puede ser caminar, reciclar, apagar los interruptores, aparte de rebajar las emisiones del efecto invernadero, también contribuye a ahorrar dinero. ¿Cómo podemos estar seguros de que todos los seres humanos pueden obtener el agua, los alimentos y la nutrición que necesitan? Cada día millones de personas no tienen acceso al agua potable, libre de impurezas, y un promedio alto de seres humanas mueren a causa de enfermedades evitables causadas por la agua y el saneamiento. Otra multitud de personas se mueren de hambre, mientras los consumidores de los países ricos siguen desperdiciando alimentos. El mañana tiene que ser distinto al momento actual. No podemos convivir con la inseguridad alimentaria, con escasez de agua y energía en algunos lugares del planeta, con el infierno del cambio climático, con el aumento de las emisiones de carbono y unos océanos enfermos. Se precisa que una economía verde globalice al planeta. Tenemos que trabajar en ello, sabedores de que es posible tener un desarrollo que active prosperidad ecológica para todo ser humano, sin distinción alguna y con una mejor calidad de vida para toda especie humana. Todo ello, es condición indispensable para avivar un auténtico progreso social que llegue a todos, pero en especial a los más pobres, porque es evidente que es necesario priorizar una economía de las necesidades humanas que sea justa, solidaria y recíproca, mediante políticas de desarrollo humano integral que respeten el derecho de los pueblos y preserven las cualidades vitales de los ambientes naturales. El futuro, que está inmerso en las personas que lo hacen, radica, a mi juicio, en promover una cultura de la austeridad y sencillez como alternativa saludable, a través de una producción respetuosa con el hábitat y un consumo responsable. Hoy por hoy, el pasado nos encadena y el futuro nos deprime. He aquí por qué se nos escapan los días, sin ponernos de acuerdo sobre lo que anhelamos ser: parte del verso que forma y conforma el planeta. Al diálogo hay que ir por los caminos de la poesía, no del negocio. Cualquier civilización o cultura que no preste atención a la voz del poema es un salvaje. En cualquier caso, las salvajadas de estos moradores, sordos a las baladas, nos acabarán pasando factura a todos, mal que nos pese. Víctor Corcoba Herrero/ Escritor |
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| DE LA SIMPLEZA DEL CAOS AL ENCUENTRO DE LA ESTÉTICA | ||
| Hemos convertido al mundo en un auténtico caos. Somos esclavos del dinero. No sabemos disfrutar de los montes y de los valles, de los manantiales que surcan los paisajes de la vida, ni de los caminos que se llenan de luces y palabras. Todo parte del ser humano, de su propia identidad, de su pertenencia a sociedades diversas, que han de converger solidarizándose unas comunidades con otras. Siempre unidos contra ese mundo ruin que rompe lazos y corrompe el pensamiento estético. Hemos de ser fuertes en la reivindicación de la persona libre y responsable, y, a la vez, hemos de ser fuente de derechos y deberes. Es preciso mundializar la belleza con la razón, unificar ideas con la luz del afecto como motor, pluralizar y personalizar las artes y las ciencias. Está bien lanzar operaciones masivas de asistencia humanitaria en regiones afectadas por inútiles enfrentamientos; pero mejor aún será poner orden en el caos y ver la manera de cambiar actitudes egoístas. Quizás precisemos poner más corazón y menos hazañas, un suplemento de alma y un complemento de espiritualidad, en un planeta de tantos dioses que se creen inmortales. El caos del mundo empieza por la tremenda obsesión del ser humano que se construye a sí mismo, en solitario, volviéndose ansioso por el poder a cualquier precio. Uno constata hoy una falta de humanidad, de ideas compartidas, de ideales que nos solidaricen en verdad y nos hagan fluir acciones verdaderamente fraternas. Más allá del individuo, que se destruye en su afán necio de ser uno y de ser Dios, está el encanto de la estética, la conciencia solidaria, la idea primera y primaria de que todos necesitamos de todos. Tenemos exceso de deuda, pero no tanto económica como moral. Los desastres morales son más tremendos que los económicos. Es éste un mal vulgar que mata los corazones y que sólo se restituye con el paso del tiempo y la educación en valores. En la educación de las masas van a tener un papel primordial las religiones. Ilustrar a la opinión pública y educarla para que respete y aprecie los valores éticos, con tantas fuerzas contrarias a las que parece interesarles convivir con el caos, es bastante complicado hacerlo. Debemos apostar por la realidad estética. Para ello, debemos convertir la política en una estética de servicio, no de intereses, incapaces de satisfacer el interés general. Hay que convertir la economía en una estética de honradez. Y las religiones en una estética de diálogo. Sin duda, los líderes espirituales tienen hoy una labor importante que llevar a cabo, de sembrar interrogantes y de ofrecer respuestas que permitan el discernimiento, de despertar a la humanidad ante el misterio de su propia existencia, de proporcionar, en suma, reflexión en un mundo en el que apenas nos han dejado tiempo para nosotros, es decir, para pensar en nosotros y por nosotros mismos. Recordemos al espiritual San Agustín, el santo que proclamó: "Ama y haz lo que quieras"; el hombre que dijo a los cuatro vientos:" Nosotros somos los tiempos. Seamos buenos y los tiempos serán buenos". Cuántas veces una palabra a tiempo nos libra de tantos males. Debiéramos saber que ser admirado es nada, que tener poder es nada; sin embargo, ser amado lo es todo en esta simpleza de caos que nos invade. Son los pequeños pasos por la estética los que nos muestran y demuestran que el camino se hace al andar y que la motivación del camino ha de ser el bien colectivo. El conocimiento estético implica emoción, pero también serenidad en el disfrute de las cosas que nos rodean. La belleza, precisamente, surge del encuentro del ser humano con el espíritu original, con la autenticidad de la imagen de la humanidad en su conjunto. Nadie es una copia de nadie. Todas las personas somos piezas únicas, somos la expresión estética de la vida. Práctica por la que hemos de desvivirnos para sí y práctica que hemos de dejar vivir. Pues bien, en el plano de la experiencia estética es necesario pensar en la necesidad de crear un clima favorable a la pureza. Realmente, solemos admirar el ingenio, la lucidez de las persona, cuando lo que más debiera asombrarnos son sus bondades. Como solía decir el poeta y dramaturgo alemán Friedrich Schiller, "haciendo el bien nutrimos la planta divina de la humanidad; formando la belleza, esparcimos las semillas de lo divino". Y la belleza es todo. Platón mismo lo dijo: "la belleza, en el mundo, es la cosa suprema". Ella por si mismo se alumbra, es la luz que mueve y conmueve al cosmos. Todo lo que no es estético no puede ser verdad y alienta la simpleza del caos, del desorden y desconcierto. Los tiempos actuales son tiempos desconcertantes, puesto que no generan verdadera libertad, sino inestabilidad y un cierto conformismo con las modas del momento. El desconcierto de tantas mujeres y niños maltratados por la pobreza, por la economía, por el poder y la toma de decisiones. ¿Dónde está el adelanto de la mujer y el avance pacifista en la educación de los niños?. Desconcierto por las perspectivas económicas, los modelos económicos, los recursos. ¿Dónde está el desarrollo social en la erradicación de la pobreza? El desbarajuste es de tal magnitud que impide a la estética desarrollarse en medio de un mundo bárbaro y hostil. Lo admirable es que surjan personas dispuestas a luchar por la veracidad, que por mucho que la eclipsemos jamás lograremos extinguirla. La estética de la verdad es lo que es, aunque se especule con el infortunio. Sin embargo, la simpleza del caos, guárdatela para ti, que no hay mayor falsedad que la realidad mal concebida.
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| RECORDEMOS HOY Y POR SIEMPRE | ||
Aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo. Es saludable evocarlo y reflexionar sobre ello. Millones de niños judíos perecieron en el Holocausto, víctimas de la persecución de los nazis y sus seguidores. En estos momentos hay demasiados escándalos e injusticias, demasiada corrupción y codicia, demasiado desprecio y mentira, excesiva violencia que lleva a la miseria y a la muerte. Los actuales líderes políticos y económicos debieran deliberar mucho más sobre el estado de derecho que, a mi juicio, es fundamental en la prevención de conflictos. En todo caso, ningún poder tiene derecho a privar a su ciudadanía de la esperanza, que es hablar del porvenir. Ciertamente, el futuro enlaza con el pasado y el presente. Por consiguiente, conocer nuestra historia con sus errores y sus logros positivos, como vivir el momento actual, nos ayuda a ver las cosas de otra manera. El recuerdo del Holocausto (27 de enero de 2012) nos enseña que todos fueron víctimas de una ideología inspirada por el odio que los calificó como "inferiores". La hambruna en varias zonas de Somalia y otros pueblos de diversos continentes, nos llama hoy a los seres humanos a no olvidar la situación de miseria con la que conviven personas, que pudiera ser yo mismo. El que Noruega acoja a niños refugiados que huyeron de Libia es una lección de asistencia humanitaria, que pone voz a relatos tremendos. Hoy, al recordar a los que perdieron su vida en las inútiles guerras, hay que seguir haciendo llamadas a todas las naciones para que protejan el estado de derecho, a los ciudadanos más vulnerables, independientemente de su color de piel, genero, creencia religiosa o raza. Toda persona sensata comprende la necesidad de promover un clima de paz y entendimientos entre las diferentes culturas y religiones. La agresividad es una forma de relación bastante arcaica, que en los últimos tiempos ha tomado posiciones ventajosas. ¿Donde están, en consecuencia, los avances humanos? Vivimos en la era del griterío. Se habla a gritos. Se amenaza por costumbre. Intimidaciones a la persona, a la sociedad, a la familia, a la nación...; tienen siempre su origen en nuestra debilidad humana. Decía Montesquieu que "una injusticia hecha al individuo es una amenaza hecha a toda la sociedad". Por desgracia, nos desbordan las sinrazones, que ayer también fueron ejercidas contra los desdichados, y que hoy recordamos para no tropezar en la misma piedra. El mundo, por otra parte, tiene que prestar mucha más atención al mundo juvenil, ha de saber escucharlo y valorarlo. Educar a los jóvenes en la justicia y la paz es una tarea que atañe a cada generación. Las tragedias de las dos grandes guerras mundiales, que recordaremos por siempre, nos invitan a ser cada vez más conscientes de la necedad de las contiendas. El holocausto es, sin duda, una herramienta de aprendizaje acerca de la importancia de proteger el estado de derecho de los países. Según el informe del año 2004 elaborado por el Instituto de Investigación de Stanford, “la educación sobre el holocausto no es sólo un emprendimiento académico sino la mejor manera de vacunar a la humanidad contra futuros genocidios”. A mi manera de ver, estimo que es bueno recordar estas tragedias inhumanas, para que no se vuelvan a producir. Por esta lección del pasado, de la que tenemos que tomar buena nota, sabemos que no es bueno rearmarse, como tampoco lo es violentar los derechos fundamentales de las personas y de los pueblos, el no seguir las reglas internacionales de Naciones Unidas pueden conducir a la ruina de la humanidad. La victoria del estado de derecho sigue siendo la mejor garantía de respeto a la ciudadanía. La caída de los valores democráticos, que ha favorecido los errores de ayer, debe ponernos vigilantes sobre el modo en el que hoy la convivencia es anunciada y vivida. Precisamente, el Secretario General de la ONU, acaba de pedir al consejo de seguridad un mayor compromiso para impartir justicia en las zonas de conflicto y postconflicto. Ahora bien, la pregunta me surge de inmediato: ¿cómo transmitir esta justicia?. Tiene que ser una justicia extensiva para toda la humanidad, nadie puede quedar excluido, de lo contrario será un injusticia más. ¿Y cómo luchar por esa justicia, más allá de las palabras de la ley?.Quizás defendiendo la vida de cada uno y de la de todos, y abrazando la verdad como si fuese el pan de cada día. Por eso, quizás por eso, tengamos que rechazar como ha dicho Ban "todos los pedidos de amnistía por genocidio, crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad y graves violaciones a los derechos humanos y las leyes internacionales". Desde luego la necesidad de la justicia se pone especialmente de manifiesto cuando es preciso abordar las consecuencias de las atrocidades cometidas durante el periodo de conflicto. En vista de lo cual, sólo puede crearse un entorno de seguridad y paz duradera con una justicia fuerte que debe ser independiente, transparente, representativa e imparcial. En suma, recordemos hoy y por siempre, que una justicia que llega tarde no es justicia. De ahí la necesidad de trabajar para restablecer y fortalecer los sistemas judicial y legal en los países que se recuperan de una guerra. El respeto de los derechos y deberes son esenciales para aprovechar plenamente el potencial humano de las naciones y los pueblos. Si fracasamos en conciliar la justicia con la vida, fracasaremos socialmente en todo. Al fin y al cabo, conviene también recordar que la justicia se defiende con la razón y nunca con las armas. Es fundamental, pues, seguir creando condiciones bajo las cuales puedan mantenerse la justicia y el respeto a las obligaciones emanadas de los tratados y de otras fuentes del derecho internacional. Si en verdad queremos un mundo de paz, hay que poner decididamente la inteligencia al servicio del estado de derecho, porque las buenas costumbres, y no la fuerza, son el verdadero camino y, el ejercicio de la justicia, el caminante de la libertad. Víctor Corcoba Herrero/ Escritor |
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